Es habitual entre los científicos llegar a una especie de estado de embriaguez permanente, seducidos por la fascinación del conocimiento, por los abombrosos y complejos descubrimientos de los que la el hombre, a través de la ciencia, es capaz de realizar y que explican muchos aspectos de la realidad.
Es una sensación que lleva a pensar que podemos saberlo todo, que podemos explicarlo todo, que no hay nada más.
Presento el ejemplo de dos ilustres científicos que no se dejaron llevar por esa inercia de fascinación.
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Luc Montagnier, descubridor del virus del VIH |
Y resulta muy interesante conocer la opinión de este reconocido científico y exdirector del Instituto Pasteur precisamente sobre Lourdes, un lugar que exige tener una gran fe.