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lunes, 17 de octubre de 2011

La precisión del cirujano. La Ciencia

En el libro "Luz del Mundo", se recoge una conversación del periodista Peter Seewald con el papa Benedicto XVI. Este es un documento sin precedentes, en el que se registra una conversación hablada con un Papa. Tuvo lugar en diferentes momentos a lo largo de una semana, durante el verano de 2010.
Las preguntas giran en torno a multitud de temas, son directas y no esquivan temas escabrosos. Las jugosas respuestas nos muestran a una mente sin duda brillante.
En un pasaje de la conversación hablan sobre la ciencia. Me llamó la atención esta brevísima reflexión:

Peter Seewald:  El físico nuclear Werner Heisenberg, premio Nobel, resume en una frase: "El primer sorbo de la copa de la ciencia vuelve ateo, pero en el fondo de la copa está esperando Dios".
Benedicto XVI:  En eso le daría toda la razón. Sólo mientras se está en la embriaguez de los conocimientos aislados se afirma: no va más, con esto lo sabemos todo. Pero en el momento en que se reconoce la inaudita grandeza del conjunto, la mirada se extiende más allá y surge la pregunta por un Dios del que proviene todo.

martes, 28 de junio de 2011

La inteligencia y el encuentro

Cuando era niño, alguien cercano me dijo algo sobre Dios y la Iglesia. Una frase que quedó impresa en mi memoria y todavía perdura. Con una seguridad absoluta, me dijo:
"cuando seas mayor, si eres inteligente, te darás cuenta de que todo esto es mentira".
Durante los siguientes años pensé que quizás fuese cierto. Quién sabe, aunque yo creía otra cosa, quizás mi inteligencia descubriría en un momento dado algo que desenmascarara el engaño. ¿sería lo suficientemente inteligente para ello? Mientras tanto, continué viviendo aquella "mentira" como si fuera verdad, ya que a nivel práctico me producía más beneficio que perjuicio. Y esperé.
Han pasado muchos años, y de vez en cuando me he mirado en el espejo de aquella frase. Durante todo este tiempo, mientras me cuestionaba si sería lo suficientemente inteligente para distinguir la verdad, encontré algo inesperado que dió la vuelta a todo este pensamiento.
Existe una tendencia a pensar que la inteligencia nos conduce a la forma más perfecta de conocimiento de todas las cosas. Y por supuesto, Dios no sería una excepción. Sin embargo, lo que me he encontrado es que hay algo mucho más profundo que nos acaba llevando al conocimiento de Dios: el encuentro.
Y tras esto, me doy cuenta de que ocurre igual para el resto de las cosas: podemos conocerlo todo sobre el lenguaje musical, sus ritmos, sus tiempos, los instrumentos y partituras, pero no sabremos de su existencia real hasta que la oímos sonar. Podemos estar años analizando los mecanismos, dinámicas y callejones del amor, pero el mejor conocimiento nos llegará cuando nos encontremos con la persona amada, viviendo ese encuentro día a día.

La inteligencia y la razón son buenas herramientas, pero el conocimiento real llega con el encuentro.

En todo este tiempo, la razón no me ha alejó de Dios, más bien al contrario. Ví que la fe es mucho más "razonable" de lo que su mala prensa nos dice. Sin embargo, aunque levantemos una inmensa estructura mental y conceptual para explicar la fe, no tendremos en realidad nada en comparación con la experiencia de un encuentro real con Dios.
Si alguien me preguntara por qué creo en Dios, tendré que utilizar la razón y toda mi inteligencia para explicarlo, pero lo que contaré serán mis experiencias de encuentro con él.

Ya Juan Pablo II, en su encíclica Fides et Ratio, hablaba de estas dos realidades, la Fe y la Razón como dos alas que nos llevan a un encuentro con Dios.
Una vez visto así, me doy cuenta de que el hombre no podría estar mejor diseñado. Si la inteligencia fuera la herramienta para descubrir a Dios, solo podrían hacerlo los más inteligentes. Sin embargo Dios se hace universal, accesible a todos los hombres, mediante el encuentro.
No todas las personas están capacitadas con igual inteligencia. De hecho hay muchas con una capacidad de raciocinio muy limitada. Sin embargo, para lo que todo ser humano está capacitado es para experimentar un encuentro con Dios en la realidad de su vida, en sus circunstancias. No serán igual los encuentros de unos y de otros. Simplemente serán de naturaleza diferente, así como cada ser humano tiene su propio universo interior.
Por eso pienso que hay hay que poner a la razón y la inteligencia entre las cosas realmente importantes. Pero también pienso que debemos reservar para el Encuentro un lugar entre nuestros tesoros personales. La inteligencia sin el encuentro no es más que una visión difusa de la realidad. Y Dios no es una excepción.

viernes, 4 de marzo de 2011

Un problema con Dios

Hay personas que creen en Dios y se topan con un problema: el mal.
¿De dónde sale? ¿envía Dios el mal a tu vida? ¿por qué existe? ¿cómo puede ser que alguien que se supone que es amor tenga estos designios para mi? Aunque experimentan la existencia de Dios a través de muchas realidades, no pueden entender este punto y mantienen este interrogante sin resolver.

Hay personas que no creen en Dios porque se encontraron con este problema en algún momento de su vida y concluyeron: Dios no existe, porque si existiera sería malvado. Contundente y sencillo.

Hay personas que no creen en Dios porque nunca han creído. El bien y el mal son meras cuestiones éticas. Sus consecuencias e influencia no superan a la muerte, ya que tras esta no hay nada. Para estos la existencia del mal no plantea ningún problema. La realidad es tal cual es.

Hay personas que sencillamente tienen claro que el mal no viene de Dios, aunque se le puede buscar y encontrar en todas las situaciones. Es el caso del niño de este video:

viernes, 11 de febrero de 2011

El Papa, los preservativos y la presunción de tontería

El concepto de presunción de inocencia es el concepto que nos lleva presuponer que alguien es inocente hasta que se demuestre lo contrario, aunque los hechos nos sugieran lo contrario.
Para juzgar algunos asuntos empleamos esfuerzo y rigor. Sin embargo hay otros temas en los que renunciamos a ambos. De esta forma, hay realidades para las que utilizamos un cristal empañado. A veces lo hacemos porque tras el cristal nos encontraremos con algo que va contra nuestras opiniones, a veces por inercia social, a veces por prejuicios asumidos ciegamente.
Con la Iglesia existe el concepto de "presunción de tontería", que consiste en que se presupone que todo lo que la Iglesia dice en materia sexual es una tontería, sugieran lo que sugieran los hechos y no interesandonos mucho por demostrarlo.
Todos, en mayor o menor medida hemos podido asumir la "presunción de tontería" contra la Iglesia, así que tampoco hay que rasgarse las vestiduras. Sin embargo, es de justicia decir que cuando existe un esfuerzo sincero y abierto por conocer la verdad, nos encontraremos siempre con sorpresas. Puede que lo compartamos y puede que no, pero la profundidad y conocimiento en que se basan estas "tontas" afirmaciones superan con mucho lo esperado. No pretendo por tanto que todo el mundo esté de acuerdo con lo que dice el magisterio de la Iglesia, pero si ruego que se escuche y se entienda lo que quiere decir y por qué lo dice. Solo entonces podremos decidir si estamos o no de acuerdo. A veces lo hacemos al revés: decidimos que no estamos de acuerdo, y por tanto no escuchamos más.
Benedicto XVI se está forjando una historia con los preservativos cargada de "presunción de tontería", pero si analizamos los distintos acontecimientos llegamos a una contradicción.
1. El año pasado, durante su visita a África, el Papa hizo unas declaraciones que escandalizaron a medio mundo. Vino a decir que "los preservativos no eran la solución para el SIDA". La prensa y medio mundo interpretaron que era una afirmación temeraria e irresponsable, ya que los preservativos constituyen la principal fuerza de choque contra el sida en muchos países. Parecía el Papa querer dinamitar todas las campañas contra esta pandemia.
2. Hace un par de meses se anunció la publicación de un libro en el que se entrevista al Papa (Luz del Mundo). En este libro el Papa afirmaba, hablando de la prostitución masculina, que el preservativo podía constituir un primer paso hacia la moralidad. La prensa y medio mundo interpretaron que la Iglesia se abría al uso del preservativo como algo bueno al menos en algunos casos.

En el primer caso se deduce un Papa obtuso y totalmente cerrado a las evidentes bondades de los condones, incluso como arma contra el SIDA. En el segundo caso, ocurrido tan solo unos meses después, se muestra a un Papa que realiza una apertura histórica en la historia de la Iglesia, permitiendo como algo bueno los preservativos en algunos casos. La conclusión ¿este hombre dice primero una cosa y luego la contraria?
Una explicación es que diga lo primero que se le ocurre y por eso se contradice.
Otra es que se le haya ido la cabeza y no rija en sus opiniones.
Una lectura atenta de cualquier discurso al azar de los pronunciados por el Papa actual, nos hará descartar la falta de raciocinio y la improvisación, ya que enlaza conceptos con bastante soltura y lo hace de una forma pausada, sistemática y precisa.
Cabría entonces preguntarse si es que le hemos interpretado mal... y se abren tres posibilidades:
- se han interpretado mal las primeras declaraciones.
- se han interpretado mal las segundas declaraciones.
- se han interpretado mal ambas.

Yo defiendo esta última opción. Y lo hago en base a que quien escribe noticias en los medios (en su mayoría, que no en su totalidad), no conocen el magisterio de la Iglesia ni sus fundamentos. En contra de cualquier principio de rigor periodístico, se utiliza sencillamente la "presunción de tontería". Ni se preguntan el por qué ni quieren saberlo.

En el primer caso mencionado, el análisis de los resultados en todos los países cuya estrategia contra el sida se basa en la distribución de preservativos nos muestra que no se logra frenar la incidencia de la enfermedad en el mundo. Las tasa de nuevos contagios sigue siendo muy alta a nivel mundial (unos 2.600.000 personas al año según Onusida). El preservativo no parece ser la solución. Es más bien un obstáculo en el camino de la enfermedad, pero no la solución (vaya, lo que dice el Papa). Hace ya unos años que se ha apoyado desde la Iglesia la estrategia ABC, publicada a nivel científico por primera vez en la revista Lancet y también considerada por la ONU. Esta estrategia habla de tres niveles según su orden de aplicación:
1-abstinencia entre los jóvenes (Abstinence): retrasando la edad de inicio de relaciones sexuales.
2-fidelidad entre los adultos (Be faithfull): fomentando la pareja estable.
3-condón (Condom): cuando las anteriores no funcionan.
Para fortalecer los dos primeros puntos la Iglesia propone una educación que una la sexualidad con la expresión el amor, y fomentar el valor de la fidelidad en el amor humano. En resumen: humanizar la sexualidad como expresión de entrega al otro. Solo cuando los dos primeros niveles no se aplican, la opción del condón será un parche que minimizará el riesgo de contagio. La Iglesia no considera que se haga bien, pero el mal producido será menos intenso si se reduce el riesgo de contagio de una enfermedad que es mortal.
Hay algunos países, como Uganda o Filipinas, que tomaron este modelo como impulsor de sus estrategias para frenar el sida, con reducciones de contagios mucho más alentadores que en el común de los países con la estrategia "oficial".
La afirmación del Papa aquel día podrá ser muchas cosas, pero desde luego no es una tontería.

Respecto al segundo caso, os reproduzco la breve entrada "Crónica de un escándalo anunciado", del blog "La Iglesia en la Prensa" que deja este tema algo más claro:

El modo en que las palabras del Papa sobre preservativo y Sida/AIDS, en el libro “La Luz del Mundo”,  han sido presentadas por buena parte de la prensa manifiesta, desde mi punto de vista,  un problema preocupante: que el “sistema mediático” es incapaz de  recibir una afirmación matizada. Cuando digo “sistema”, me refiero a personas, pues el periodismo lo hacemos unas personas llamadas periodistas.
Puedo afirmar,  a través de varias conversaciones en estos años con gente implicada, que si “el Vaticano” -como se suele decir, así en general- no han abordado antes públicamente esta cuestión ha sido, precisamente, por la preocupación de que ocurriera lo que está ocurriendo: que se presentara como una “bendición” del preservativo por parte de la Iglesia.  Ahora Benedicto XVI ha asumido ese riesgo, usando una fórmula informal, la entrevista periodística.
El Papa ha dicho que el uso del preservativo en un acto ya de por sí inmoral (por ejemplo, prostitución), en algunas ocasiones puede ser un paso para la moralización, en el sentido de que puede servir para reconocer que no todo está permitido (veo que con mi acción puedo contagiar a otros de una enfermedad). Esa es la breve respuesta a una cuestión muy puntual, en la que no entra en otras consideraciones (como la eficacia o no del preservativo para evitar la transmisión de enfermedades, etc.). Y es que el Papa lo que propone no es eso: afirma que lo que hay que hacer –como única solución- es humanizar la sexualidad, luchar contra su banalización.
Mi glosa: entre matar con una pistola o con una bomba atómica, mi respuesta es no matar, pues se trata de un acto inmoral. Reconozco que es “preferible” matar con una pistola, pues produce menos víctimas. Eso no quiere decir que “apoye” el asesinato o el uso de las pistolas. Sostengo que lo que hay que hacer es no matar, sino al contrario, valorar la vida. (Ya sé que la comparación no es perfecta, pero a mi me ayuda para entender mejor de qué estamos hablando). Supongo que el tema seguirá de actualidad todavía por algún tiempo (lo que demuestra que esta obsesión con el preservativo da razón al diagnóstico del Papa sobre la banalización del sexo).

En el mismo libro "polémico" antes citado (Luz del Mundo, página 131), el Papa dice: 
"Por eso la lucha contra la banalización de la sexualidad forma parte de la lucha para que la sexualidad sea valorada positivamente y pueda desplegar su acción positiva en la totalidad de la condición humana".

Para profundizar:
Papa, preservativo y efecto Pavlov (La Iglesia en la prensa)
La estrategia ABC de prevención del sida (Jokin de Irala)
Crónica de un escándalo anunciado (La Iglesia en la prensa)

martes, 4 de enero de 2011

La estrella de Belén

La estrella que guió a los magos hasta el lugar de Belén donde nació Jesús constituye desde hace siglos uno de los símbolos asociados a la Navidad. Para muchos desmitificadores, el episodio en cuestión no pasa de ser un relato fantasioso creado por el cristianismo primitivo. Por el contrario, no han sido pocos los que han tratado de dar una explicación científica al fenómeno, aceptando su verdad histórica. Pero aquella estrella, en realidad un astro según el Evangelio de San Mateo, ¿qué fue en realidad?

¿Cuándo nació Jesús?
Para intentar descubrir algo sobre aquella estrella y su cometido, hay primero que investigar algo sobre el nacimiento histórico de Jesús. Según el Evangelio de San Mateo -el primer texto del Nuevo Testamento- se dice que Jesús había nacido cuando aún reinaba Herodes el Grande. Este paranóico monarca había ordenado unos años antes la ejecución de todos los menores de 2 años, deduciendo la fecha del nacimiento de Jesús a partir del relato que le realizaron los Reyes Magos cuando les mandó llamar a su palacio (Mateo, 2, 7-16). Herodes murió, casi con seguridad, a finales de marzo o principios de abril del año 4 a.C. Todo ello, junto con otros argumentos, sitúa la fecha del nacimiento de Cristo hacia el año 6 ó 7 a.C.
Este desfase respecto a nuestro calendario "oficial" coincide con dos errores cometidos por Dionisio Exiguo al formular el calendario cristiano en el año 525. Dionisio calculó el año de la natividad a partir de las fechas de reinado de los emperadores de Roma, pero olvidó que César Augusto había mandado cuatro años con el nombre de Octavio y también omitió el Año Cero (justificable puesto que los romanos no usaban el número cero).
Por tanto, Jesús habría venido a este mundo en una fecha que bien podría ser el 6 o 7 a. de C.
Para celebrar su venida al mundo, y al no conocerse el día y mes exactos, se situó en el calendario adaptando una fiesta pagana. La celebración de la Navidad se menciona por primera vez el siglo IV, aunque es posible que se celebrara desde mucho antes. Tradicionalmente, la iglesia cristiana se adaptó a las prácticas paganas existentes y las cristianizó. Desde antes de la fundación de Roma existía una fiesta celta muy popular, Sol Invictus (el Sol Invicto), que celebraba el día más corto y, con ello, la venida de días mejores. En vez de abolirla, la iglesia la adaptó a las prácticas cristianas celebrando la Navidad.
La celebración de ese día era muy similar a la nuestra Navidad "comercial" del siglo XXI: se adornaban las casas con ramos verdes, se celebraban desfiles y comidas especiales y, sorprendentemente, se intercambiaban regalos.

¿Qué fue la estrella de Belén?
Desde hace siglos los científicos y astrónomos han especulado sobre posibles teorías que explicasen la existencia de la "estrella" de Belén. De todas ellas aquí tenemos las más habituales:
Un cometa.- Esta representación es relativamente reciente (procede de la Edad Media). En su cuadro 'La adoración de los Reyes' (que puedes ver arriba), Giotto se inspiró para representar a la Estrella en el paso del Halley el año 1301, en la época en que realizó la pintura. Pero, de hecho, no hay ningún registro conocido en ninguna civilización antigua del paso de un cometa brillante hacia los años 7-6 a.C. Sí que está narrado (por astrónomos chinos) el paso del Halley en el 12 a.C., unos 5 ó 6 años antes del nacimiento de Jesús, demasiado pronto para poder ser asociado con la Estrella.
Meteoritos.- Un único meteorito, aunque hubiese sido muy brillante, es un fenómeno que tiene una duración demasiado breve (del orden de una fracción de segundo normalmente, aunque la estela de un bólido puede perdurar varios minutos) como para servir de guía a los Magos en su viaje.
Un planeta.- A veces se ha asociado a la Estrella con Venus, pero resulta difícil de creer que los Magos, astrólogos de larga experiencia, se sorprendiesen por la situación o el aspecto de cualquiera de los planetas pues éstos presentan un comportamiento perfectamente regular.
Una nova.- Aquí nos encontramos con la primera explicación con cierta solidez, ya que en febrero del año 5 a.C., los chinos y coreanos afirmaron haber visto lo que parece haber sido una nova brillante en el sur de la constelación del Águila. Esta estrella pudo observarse durante al menos setenta días y habría aparecido en el este del cielo matutino.
Mateo comenta que la estrella iba delante de los Magos en su camino de Jerusalén a Belén. ¿Cómo pudo esto ser así? La respuesta podría ser que, al igual que todas las estrellas, la nova habría salido cuatro minutos antes cada día. Si los Magos tardaron dos meses en llegar desde Persia a Jerusalén, una distancia de unos mil doscientos kilómetros, la estrella ya se habría visto en el sur al amanecer, justo la dirección de Belén desde Jerusalén. Así que, partiendo de Jerusalén al amanecer, la estrella les habría guiado a Belén.
Una conjunción de planetas.- Esta es la hipótesis que ofrece más posibilidades. La agrupación de dos o más planetas en una pequeña región del cielo puede ofrecer un aspecto espectacular y perdurar un periodo de tiempo suficientemente prolongado, lo que podría corresponderse con el fenómeno de la Estrella.
La noche del 17 de diciembre de 1603, el astrónomo Kepler se hallaba sentado en el Hrasdchin de Praga observando la conjunción de los planetas Saturno y Júpiter, que se producía en la constelación de los Peces. Mientras se afanaba por calcular sus posiciones, Kepler dio con un escrito del rabino Abarbanel en el que se afirmaba que el nacimiento del Mesías debía producirse precisamente en esas circunstancias cósmicas. Dado que era cristiano, este dato llamó la atención de Kepler que no pudo dejar de preguntarse si el nacimiento de Jesús había tenido lugar en una fecha en que se hubiera producido un fenómeno similar.
Realizando sus cálculos astronómicos, Kepler descubrió que una conjunción semejante se había dado en el 6-7 a. de C. Cuál no sería su sorpresa al percatarse de que esa fecha encajaba a la perfección con los datos proporcionados por el Evangelio de Mateo.
Pero aún más exacto que Kepler fue P.Schnabel, en 1925. Entre otras labores, este erudito descifró unos escritos cuneiformes de la escuela de astrología de Sippar, en Babilonia. En ellos se hacía referencia a la mencionada conjunción en el 7 a. de C. y se indicaba que Júpiter y Saturno habían sido visibles durante un período de cinco meses. Efectivamente, hacia el final de febrero del 7 a. de C. atravesaba el firmamento la constelación mencionada. El 12 de abril ambos planetas efectuaron su orto helíaco a una distancia de 8 grados de longitud en la constelación de los Peces. El 29 de mayo se vio durante dos horas la primera aproximación. La segunda conjunción tuvo lugar el 3 de octubre, el día del Yom Kippur judío o fiesta de la Expiación. El 4 de diciembre se vio por tercera y última vez.
Una vez más, los datos encajaban con el Evangelio de san Mateo e incluso explicarían la manera en que los magos pudieron ver la “estrella” y seguirla durante meses hasta llegar a Palestina. La misma se habría aparecido en diversas ocasiones -la primera llamando su atención, la última indicándoles donde estaba el niño. De esa manera, por lo tanto, Jesús habría nacido en mayo u octubre del 7 a. de C. -más verosímilmente en la primera fecha- y, como señala el primer libro del Nuevo Testamento, su nacimiento había venido acompañado de la visión de un astro en el cielo, astro rastreado por los magos.

Los Reyes Magos
Muy posiblemente, fue esta conjunción la vista por los magos de los que habla san Mateo. De estos personajes no se hace ninguna descripción. No sabemos cuántos eran o de dónde procedieron. Y, desde luego, no dice por ninguna parte que fueran reyes. Se les otorgó el estatus real en el canon eclesiástico el siglo VI. Tampoco se comenta cuántos acudieron a la cita, aunque fue más de uno porque se usa el plural. Como llevaron tres regalos, se ha supuesto que fueron tres, pero representaciones de la natividad en iglesias muy antiguas muestran a veces dos, cuatro o hasta doce magos. El termino magos no se refiere a que practicaran las artes ocultas sino que pertenecían a la tribu meda del mismo nombre ya mencionada por Heródoto y que, al parecer, contaban con conocimientos astronómicos. Sin duda, e trataba de astrólogos que habían visto e interpretado algún fenómeno celeste que les llevó a Jerusalén. La tradición cristiana fue asentando que fueron tres y sus nombres: Melchor, Gaspar y Baltasar.

No sabemos con exactitud si la estrella de Belén corresponde esta conjunción de astros, si se trató de algún otro fenómeno desconocido, o incluso una sencilla manifestación sobrenatural. Como en tantas otras ocasiones, el análisis de los datos proporcionados por las Escrituras puede constituir un enigma pero es asombroso ver como estos datos encajan poco a poco en la historia.
Esta estrella misteriosa que todos ponemos en nuestro Belén doméstico o sobre el árbol de Navidad, podría ser una de esas piezas prodigiosas que se insertan en la historia. Como parte de un rompecabezas cuya dimensión y complejidad se escapa tantas veces a nuestra comprensión.

Fuentes utilizadas
¿Qué fue la estrella de Belén? (César Vidal)
¿Una estrella en Belén? (Mark Kidger)
¿Pero hubo una estrella en Belén? (El Mundo. Rafael Bachiller)

martes, 18 de mayo de 2010

La Última Pregunta


Hace apenas unas semanas, el Museo Americano de Historia Natural colgó en la red este espectacular vídeo, una reconstrucción informática que muestra un "viaje" desde la superficie de la Tierra hasta los límites del Universo conocido.
Desde su publicación, casi dos millones de personas lo han visto ya en la web del museo, pero en España este excepcional trabajo sigue siendo prácticamente desconocido.
Lo que hace que este vídeo sea único y diferente es que todo lo que en él aparece está basado en datos reales. Es decir, se trata de una auténtica reconstrucción de todo lo que sabemos sobre el universo en que vivimos. Todo, desde las trayectorias de los satélites que orbitan la Tierra, hasta la posición de todas las estrellas y galaxias.
El viaje, que comienza en el Himalaya, nos lleva a través de casi un millón de galaxias y más de 120.000 quasares, finalizando en el límite mismo de lo que podemos observar con los más potentes instrumentos disponibles hoy, los ecos del Big Bang, a 13.700 millones de años luz de distancia.
Ponedlo a pantalla completa, subid el sonido, y sobrecogeos ante la magnitud del Universo.
La ciencia va descubriendo poco a poco la enormidad y maravillosa complejidad de lo existente, y llega hasta un punto. A partir de aquí tenemos solo dos opciones: o todo esto surge fruto de un azar, o existe una entidad creadora.
En lo relativo al azar, y utilizando un torpe simil: si tiramos un dado y nos sale seis ¿es fruto del azar o hay una entidad que hace que salga un seis? Un científico dirá, es fruto del azar. Pero si miramos algo más allá de la pregunta, entendemos que para que salga el 6 necesitamos que exista un dado. Y esto nos lleva a la pregunta ¿de dónde sale el dado? ¿surge espontáneamente o alguien lo ha hecho? Y así podemos continuar enlazando una pregunta tras otra, hasta donde la ciencia nos pueda llevar, pero al final estaremos siempre ante una última pregunta sin respuesta científica.
Y así, según ves nuestro Sistema Solar perderse poco a poco las preguntas van surgiendo: ¿para qué existe esta inmensidad? ¿es todo por nosotros? ¿es el origen de este Universo fruto del azar de una combinación de elementos? y si es así ¿qué hacían ahí esos elementos? ¿alguien los puso ahí o surgieron de la nada espontáneamente? ... 
Siempre estamos ante nuestra última pregunta. Si pones todo tu empeño puede que avances y que mañana tu última pregunta haya cambiado. Si te causa desasosiego, puedes incluso fingir que no existe. Pero por mucho esfuerzo que emplees, por mucho tiempo que gastes y por mucho que intentes esconderla, no puedes escapar de tu última pregunta, que te acompañará siempre. Como un signo de interrogación que te  indica que no tienes el control, que no tienes el conocimiento, que no sabes por qué ocurren las cosas y que mañana puedes haber muerto.
Solo te queda intentar encontrar un sentido a todo ello, el sentido que está detrás de la última pregunta.


martes, 4 de mayo de 2010

La Sábana Santa y la Ciencia

"¿La Sábana Santa? ¿pero esto no era un fraude?"
Es lo que muchas personas podrían responder al ser interrogadas por este tema.
Por primera vez desde el año 2000 se está exponiendo al público en Turín, y el pasado domingo 2 de Mayo de 2010, el Papa Benedicto XVI la visitó.
¿A qué obedece tanta atención? ¿es esta sábana la que cubrió el cuerpo de Jesucristo muerto en el sepulcro?


Si dedicamos algo de atención a este telar inanimado, nos daremos cuenta de que estamos ante un auténtico desafío a la humanidad. Un objeto que comienza a cobrar vida ante nuestros ojos, capaz de provocar un punto de interrogación a todo hombre que a él se aproxime curioso.
Lo más importante para empezar es distinguir que en lo que se refiere a la Sábana Santa existen tres ángulos desde los que podemos aproximarnos: la imagen, el personaje y la tela. 

La imagen
Sobre la imagen los estudios arrojan datos impactantes:


- No existe ningún tipo de pigmento o pintura, sino que se trata de una degradación de las fibras más superficiales del lino. Como si hubiera sido quemada. No ha sido posible realizar una impresión similar en laboratorio.
- La imagen que siempre vemos de la sábana santa es el negativo fotográfico, lo cual es bastante extraño.
- Al someter la imagen al análisis de un dispositivo desarrollado por la NASA para pasar a 3D las imágenes tomadas de Marte, se obtiene que la imagen impresa corresponde a un objeto con volumen real, no a una pintura en plano.

El personaje
Solo existen dos posibilidades: o la imagen impresa en la Sábana es realmente la de Jesús de Nazaret o pretende serlo. No puede tratarse de otra persona. Hubo miles de crucifixiones en el tiempo de Jesús (no cientos de miles). Sin embargo en el caso que narra el Evangelio, se dieron una serie de circunstancias extraordinarias que la hacen estadísticamente única de entre las miles de crucifixiones que se practicaron en el imperio romano.
- No se podía castigar dos veces a un reo por el mismo delito, es decir, una sentencia de flagelación no iba nunca seguida de una crucifixión. Excepto en el caso de Jesús.
- No se utilizaba la corona de espinas. Excepto en el caso de Jesús.
- Normalmente se quebraban las piernas en vez de clavar una lanza en el costado. Excepto en el caso de Jesús.
- Normalmente se ataban con cuerdas en lugar de clavar a la cruz. Excepto en el caso de Jesús.
- No se enterraba a los crucificados. Excepto en este caso.

Además, los resultados de los estudios nos dicen que un ser humano en las condiciones que sugiere la imagen estuvo envuelto en la tela, ya que se han encontrado en ella restos de piel, carne, glóbulos rojos, pigmentos biliares,...

La tela
Las investigaciones se centran en su composición, en las sustancias adheridas a la misma y en su antigüedad. Se han analizado partículas de polen presentes en la sábana, determinándose que pertenecen a especies autóctonas de oriente y zonas desérticas.


La Prueba
Es triste que tras todo esto, cuando se habla de la Sábana Santa, el dato que se ha asentado en el pensamiento común es la única prueba discutida de las que se han realizado. Se trata de la prueba de datación del Carbono14, que parecía datar la edad de la tela en la Edad Media.
Ante el muro de documentación y estudios estrictamente científicos lo único que está discutido es esa datación.
¿Por qué ese dato está en cuestión? Porque la datación por Carbono-14 es una prueba cuya fiabilidad se reduce enormemente si el tejido está contaminado. Y esta circunstancia es absolutamente indiscutible en este caso, dado que el fragmento utilizado para la prueba se extrajo de la esquina de la tela que había manipulado constantemente durante las diferentes exposiciones que se habían llevado a cabo con la síndone. Y dado que la tela se había visto afectada por un incendio en la Edad Media.

En definitiva, es sorprendente pensar que en la tierra existe todavía la tela que muy probablemente cubrió el cuerpo de Jesús en el sepulcro.

Si quieres saciar tu interés, te propongo la estupenda página web del Centro Español de Sindonología:
Web del Centro Español de Sindonología