Mostrando entradas con la etiqueta Doctrina. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Doctrina. Mostrar todas las entradas

lunes, 11 de julio de 2011

La precisión del cirujano

A muchos les fascina la historia, a otros el fútbol, la radio, la música, su trabajo, el cine, viajar, las culturas antiguas, los secretos del macramé o el mundo de los insectos. A mi, desde siempre me ha cautivado la expresión de una idea con la precisión de un reloj suizo. Si, ya se que es curioso, pero no lo puedo evitar. Me resulta fascinante el uso de las palabras para extraer cuidadosamente un concepto a la luz, como si fuera un afilado bisturí cortando limpiamente lo accesorio y extrayendo lo esencial de forma limpia. Veo en esto en ello un don especial, tremendamente inusual y de una potencia arrolladora. Porque explicar una idea compleja con facilidad y en pocas palabras me parece como pintar un cuadro. Porque hacer comprensible y sencillo lo que está enredado y confuso tiene la recompensa de poder entender un concepto oscuro y el premio extra de contemplar la belleza de la explicación, que toma entidad propia y se hace disfrutable en sí misma.
Reconozco esa capacidad muy rápido, ya que son años cultivando esta aficción. Como el que adora los libros antiguos y en cuanto puede se escapa por viejas librerías. O como el que cultiva la pasión por el universo y está al tanto de los movimientos de las estrellas y la trayectoria de los asteroides.
Esta aficción me ha llevado a encontrarme en ocasiones con personas que realizan, en momentos concretos, esa cirugía perfecta con las palabras. Pero lo inusual es que he descubierto a alguien en quien se manifiesta este don de una forma particularmente extrema, ofreciendo un auténtico recital de precisión. Y lo cierto es que me sorprendió porque la idea que tenía de esa persona no correspondía en absoluto con alguien cercano, entendible y preciso. Descubrí por tanto, una vez más, que esa idea no era mía, sino impuesta desde el exterior por algún interés concreto. Así que no te extrañes cuando te diga quién es, ni tires el PC al suelo, ni grites "¡¡tu calavera!!" al pronunciar su nombre en alto.
Se trata de Joseph Ratzinger, actual Papa Benedicto XVI.
Es normal que no me creas, ya que nos hemos convertido en macetas humanas en donde otros cultivan ideas desde el exterior. Y somos regados a diario. Y muchas de estas ideas responden a un interés y no a una realidad. Pero cualquiera que se atreva a comprobar si esa imágen cultivada sobre Joseph Ratzinger es falsa, se convencerá bastante rápido de que lo es. El método es bastante sencillo, y no tienes que salir de este blog para comprobarlo.
A partir de hoy y con cierta frecuencia crearé una serie de entradas que intentarán mostrar lo que te estoy contando. Creo de verdad que te sorprenderás. Por la cercanía, por la sencillez, por la franqueza y por la precisión. La precisión del cirujano.

viernes, 10 de junio de 2011

JMJ Young Answers

Estoy al tanto de todas las novedades en torno a la Jornada Mundial de la Juventud, y he de reconocer que no he conocido evento tan cuidado como este.

En torno a estas Jornadas están surgiendo multitud de iniciativas de gran valor y que no debemos dejar pasar. Me ha llamado poderosamente la atención el proyecto JMJ Young Answers en el que un grupo de jóvenes responde a 25 preguntas controvertidas sobre la Iglesia. Preguntas como estas:
"Iglesia y sexo", "¿qué sentido tiene el celibato sacerdotal?", "¿aborto en caso de violación?", "preservativo y sida", "las riquezas de la Iglesia", "¿matrimonio para siempre o divorcio?", "¿relaciones prematrimoniales?", "Iglesia y eutanasia", "Catolicismo:¿la religión verdadera?", "¿la Iglesia contra los homosexuales?", "Dolor y enfermedad", "¿por qué hay tantos curas pedófilos?",...
Existe una versión negativa sobre la doctrina de la Iglesia en torno a todos estos temas, extendida en todos los estratos de la sociedad, incluso entre personas católicas. Las causas son diversas, y no es el momento de analizarlas. Sin embargo, si nos tomamos el esfuerzo por descubrir el por qué de estas posturas, descubrimos algo diferente.
Vemos que la propuesta de la Iglesia, fundamentada en la revelación de Jesús sobre el hombre, es profundamente positiva, tremendamente profunda, y arrebatadoramente atrayente.
Sin embargo, a la hora de transmitirlo nos encontramos con un entorno muy hostil, con ideas tan enraizadas y enredadas que es difícil desmontar.
Es por eso una gran noticia cuando surgen propuestas como JMJ Young Answers, cargadas de audacia, sencillez, claridad y alegría.
Se han realizado así 25 videos, lanzando una propuesta de vida diferente, sólida y profundamente humana. No se trata de una exposición exhaustiva del magisterio de la Iglesia, sino de ofrecer otros puntos de vista de forma natural, fresca y positiva.
Te he dejado una muestra, pero puedes ver todos los videos aquí:
JMJ Young Answers
Así mismo, la repercusión que están teniendo en los medios es enorme. En el blog del proyecto se da buena cuenta de todo ello:
Blog JMJ Young Answers.

viernes, 4 de marzo de 2011

Un problema con Dios

Hay personas que creen en Dios y se topan con un problema: el mal.
¿De dónde sale? ¿envía Dios el mal a tu vida? ¿por qué existe? ¿cómo puede ser que alguien que se supone que es amor tenga estos designios para mi? Aunque experimentan la existencia de Dios a través de muchas realidades, no pueden entender este punto y mantienen este interrogante sin resolver.

Hay personas que no creen en Dios porque se encontraron con este problema en algún momento de su vida y concluyeron: Dios no existe, porque si existiera sería malvado. Contundente y sencillo.

Hay personas que no creen en Dios porque nunca han creído. El bien y el mal son meras cuestiones éticas. Sus consecuencias e influencia no superan a la muerte, ya que tras esta no hay nada. Para estos la existencia del mal no plantea ningún problema. La realidad es tal cual es.

Hay personas que sencillamente tienen claro que el mal no viene de Dios, aunque se le puede buscar y encontrar en todas las situaciones. Es el caso del niño de este video:

viernes, 11 de febrero de 2011

El Papa, los preservativos y la presunción de tontería

El concepto de presunción de inocencia es el concepto que nos lleva presuponer que alguien es inocente hasta que se demuestre lo contrario, aunque los hechos nos sugieran lo contrario.
Para juzgar algunos asuntos empleamos esfuerzo y rigor. Sin embargo hay otros temas en los que renunciamos a ambos. De esta forma, hay realidades para las que utilizamos un cristal empañado. A veces lo hacemos porque tras el cristal nos encontraremos con algo que va contra nuestras opiniones, a veces por inercia social, a veces por prejuicios asumidos ciegamente.
Con la Iglesia existe el concepto de "presunción de tontería", que consiste en que se presupone que todo lo que la Iglesia dice en materia sexual es una tontería, sugieran lo que sugieran los hechos y no interesandonos mucho por demostrarlo.
Todos, en mayor o menor medida hemos podido asumir la "presunción de tontería" contra la Iglesia, así que tampoco hay que rasgarse las vestiduras. Sin embargo, es de justicia decir que cuando existe un esfuerzo sincero y abierto por conocer la verdad, nos encontraremos siempre con sorpresas. Puede que lo compartamos y puede que no, pero la profundidad y conocimiento en que se basan estas "tontas" afirmaciones superan con mucho lo esperado. No pretendo por tanto que todo el mundo esté de acuerdo con lo que dice el magisterio de la Iglesia, pero si ruego que se escuche y se entienda lo que quiere decir y por qué lo dice. Solo entonces podremos decidir si estamos o no de acuerdo. A veces lo hacemos al revés: decidimos que no estamos de acuerdo, y por tanto no escuchamos más.
Benedicto XVI se está forjando una historia con los preservativos cargada de "presunción de tontería", pero si analizamos los distintos acontecimientos llegamos a una contradicción.
1. El año pasado, durante su visita a África, el Papa hizo unas declaraciones que escandalizaron a medio mundo. Vino a decir que "los preservativos no eran la solución para el SIDA". La prensa y medio mundo interpretaron que era una afirmación temeraria e irresponsable, ya que los preservativos constituyen la principal fuerza de choque contra el sida en muchos países. Parecía el Papa querer dinamitar todas las campañas contra esta pandemia.
2. Hace un par de meses se anunció la publicación de un libro en el que se entrevista al Papa (Luz del Mundo). En este libro el Papa afirmaba, hablando de la prostitución masculina, que el preservativo podía constituir un primer paso hacia la moralidad. La prensa y medio mundo interpretaron que la Iglesia se abría al uso del preservativo como algo bueno al menos en algunos casos.

En el primer caso se deduce un Papa obtuso y totalmente cerrado a las evidentes bondades de los condones, incluso como arma contra el SIDA. En el segundo caso, ocurrido tan solo unos meses después, se muestra a un Papa que realiza una apertura histórica en la historia de la Iglesia, permitiendo como algo bueno los preservativos en algunos casos. La conclusión ¿este hombre dice primero una cosa y luego la contraria?
Una explicación es que diga lo primero que se le ocurre y por eso se contradice.
Otra es que se le haya ido la cabeza y no rija en sus opiniones.
Una lectura atenta de cualquier discurso al azar de los pronunciados por el Papa actual, nos hará descartar la falta de raciocinio y la improvisación, ya que enlaza conceptos con bastante soltura y lo hace de una forma pausada, sistemática y precisa.
Cabría entonces preguntarse si es que le hemos interpretado mal... y se abren tres posibilidades:
- se han interpretado mal las primeras declaraciones.
- se han interpretado mal las segundas declaraciones.
- se han interpretado mal ambas.

Yo defiendo esta última opción. Y lo hago en base a que quien escribe noticias en los medios (en su mayoría, que no en su totalidad), no conocen el magisterio de la Iglesia ni sus fundamentos. En contra de cualquier principio de rigor periodístico, se utiliza sencillamente la "presunción de tontería". Ni se preguntan el por qué ni quieren saberlo.

En el primer caso mencionado, el análisis de los resultados en todos los países cuya estrategia contra el sida se basa en la distribución de preservativos nos muestra que no se logra frenar la incidencia de la enfermedad en el mundo. Las tasa de nuevos contagios sigue siendo muy alta a nivel mundial (unos 2.600.000 personas al año según Onusida). El preservativo no parece ser la solución. Es más bien un obstáculo en el camino de la enfermedad, pero no la solución (vaya, lo que dice el Papa). Hace ya unos años que se ha apoyado desde la Iglesia la estrategia ABC, publicada a nivel científico por primera vez en la revista Lancet y también considerada por la ONU. Esta estrategia habla de tres niveles según su orden de aplicación:
1-abstinencia entre los jóvenes (Abstinence): retrasando la edad de inicio de relaciones sexuales.
2-fidelidad entre los adultos (Be faithfull): fomentando la pareja estable.
3-condón (Condom): cuando las anteriores no funcionan.
Para fortalecer los dos primeros puntos la Iglesia propone una educación que una la sexualidad con la expresión el amor, y fomentar el valor de la fidelidad en el amor humano. En resumen: humanizar la sexualidad como expresión de entrega al otro. Solo cuando los dos primeros niveles no se aplican, la opción del condón será un parche que minimizará el riesgo de contagio. La Iglesia no considera que se haga bien, pero el mal producido será menos intenso si se reduce el riesgo de contagio de una enfermedad que es mortal.
Hay algunos países, como Uganda o Filipinas, que tomaron este modelo como impulsor de sus estrategias para frenar el sida, con reducciones de contagios mucho más alentadores que en el común de los países con la estrategia "oficial".
La afirmación del Papa aquel día podrá ser muchas cosas, pero desde luego no es una tontería.

Respecto al segundo caso, os reproduzco la breve entrada "Crónica de un escándalo anunciado", del blog "La Iglesia en la Prensa" que deja este tema algo más claro:

El modo en que las palabras del Papa sobre preservativo y Sida/AIDS, en el libro “La Luz del Mundo”,  han sido presentadas por buena parte de la prensa manifiesta, desde mi punto de vista,  un problema preocupante: que el “sistema mediático” es incapaz de  recibir una afirmación matizada. Cuando digo “sistema”, me refiero a personas, pues el periodismo lo hacemos unas personas llamadas periodistas.
Puedo afirmar,  a través de varias conversaciones en estos años con gente implicada, que si “el Vaticano” -como se suele decir, así en general- no han abordado antes públicamente esta cuestión ha sido, precisamente, por la preocupación de que ocurriera lo que está ocurriendo: que se presentara como una “bendición” del preservativo por parte de la Iglesia.  Ahora Benedicto XVI ha asumido ese riesgo, usando una fórmula informal, la entrevista periodística.
El Papa ha dicho que el uso del preservativo en un acto ya de por sí inmoral (por ejemplo, prostitución), en algunas ocasiones puede ser un paso para la moralización, en el sentido de que puede servir para reconocer que no todo está permitido (veo que con mi acción puedo contagiar a otros de una enfermedad). Esa es la breve respuesta a una cuestión muy puntual, en la que no entra en otras consideraciones (como la eficacia o no del preservativo para evitar la transmisión de enfermedades, etc.). Y es que el Papa lo que propone no es eso: afirma que lo que hay que hacer –como única solución- es humanizar la sexualidad, luchar contra su banalización.
Mi glosa: entre matar con una pistola o con una bomba atómica, mi respuesta es no matar, pues se trata de un acto inmoral. Reconozco que es “preferible” matar con una pistola, pues produce menos víctimas. Eso no quiere decir que “apoye” el asesinato o el uso de las pistolas. Sostengo que lo que hay que hacer es no matar, sino al contrario, valorar la vida. (Ya sé que la comparación no es perfecta, pero a mi me ayuda para entender mejor de qué estamos hablando). Supongo que el tema seguirá de actualidad todavía por algún tiempo (lo que demuestra que esta obsesión con el preservativo da razón al diagnóstico del Papa sobre la banalización del sexo).

En el mismo libro "polémico" antes citado (Luz del Mundo, página 131), el Papa dice: 
"Por eso la lucha contra la banalización de la sexualidad forma parte de la lucha para que la sexualidad sea valorada positivamente y pueda desplegar su acción positiva en la totalidad de la condición humana".

Para profundizar:
Papa, preservativo y efecto Pavlov (La Iglesia en la prensa)
La estrategia ABC de prevención del sida (Jokin de Irala)
Crónica de un escándalo anunciado (La Iglesia en la prensa)

lunes, 17 de enero de 2011

El camino nuevo tras la Navidad

Para algunos la Navidad es un tiempo muy especial. Para otros no se distingue de cualquier otro. Y para un tercer grupo de personas es un tiempo hipócrita, triste o que genera rechazo. Es curioso que a nadie deja indiferente.
Ahora que ha pasado, podemos preguntarnos si realmente ha significado algo o si tal como llegó se ha esfumado como el humo que no se puede tocar. ¿Pero es que debería haber sentido algo? ¿Qué es la Navidad realmente?
Cuando los magos de oriente siguieron su estrella en el cielo, buscando al nuevo rey fueron a ver a Herodes, el gobernador de aquella región. Este, presa del miedo ante la posibilidad de perder su poder ante un nuevo rey profetizado, les encargó volver en cuanto le hubieran encontrado. Su obsesión era averiguar dónde se encontraba para poder acabar con su vida.
Tras el encuentro con el niño Dios, aquellos magos emprendieron un camino de vuelta diferente para no encontrarse con Herodes. Un camino nuevo.
San Agustín hablaba de que este camino se da en todos los hombres. Traemos un camino para encontrarnos con Dios, y tras el encuentro el camino de vuelta es diferente. Porque el encuentro nos ha cambiado.
Distinguir la huella de la Navidad en nuestra vida es ver si cuando esta acaba retomamos el mismo camino que traíamos o si de alguna forma el camino es diferente.

La fuerza que nos trae el hecho de la Navidad es brutal, pero la costumbre y la forma de vivirla que se da en nuestra sociedad han hecho que todo quede reducido a los buenos sentimientos, las comidas y los regalos.
Nuestro actual papa Benedicto XVI ha escrito ya tres libros junto al periodista Peter Seewald, con el dinámico formato de entrevista. Hay uno en concreto, de título "Dios y El Mundo", en el que se le pregunta acerca de la Navidad. Y creo que la respuesta transmite el significado de una forma tan novedosa como clara:
Peter Seewald: Es curioso: Dios, el Todopoderoso, escogió como lugar de aparición en la tierra lo más pequeño, un establo miserable de Belén. Y la Iglesia argumenta: "Todo es tan increíble y paradójico, que sólo por eso tiene que ser verdad".
BXVI: Como es lógico, esta sola argumentación no bastaría como criterio de verdad. Pero, en realidad, la elección de lo humilde caracteriza la historia de Dios con el ser humano.
Esta característica la vemos perfectamente en el escenario de la actuación divina, la tierra, esa mota de polvo perdida en el universo; en que dentro de ella, Israel, un pueblo prácticamente sin poder, se convierte en el pilar de su historia; en que Nazaret, otro lugar completamente desconocido, se convierte en su patria; en que el Hijo de Dios nace finalmente en Belén, fuera del pueblo, en un establo. Todo esto muestra una linea.
Dios coloca toda su medida, el amor, frente al orgullo humano. Este es en el fondo el núcleo, el contenido original de todos los pecados, es decir, del querer erigirse uno mismo en Dios. El amor, por el contrario, es algo que no se eleva, sino que desciende. El amor muestra que el auténtico ascenso consiste precisamente en descender. Que llegamos a lo alto cuando bajamos, cuando nos volvemos sencillos, cuando nos inclinamos hacia los pobres, hacia los humildes.
Dios se empequeñece para volver a situar a las personas hinchadas en su justa medida. Vista así, la ley de la pequeñez es un modelo fundamental de la actuación divina. Dicha ley nos permite atisbar la esencia de Dios y también la nuestra. En este sentido encierra una enorme lógica y se convierte en una referencia a la verdad.


Peter Seewald: Lo que sucedió con este acto, sentenció una vez el obispo alemán Rudolf Graber, "es infinitamente superior a la cración del mundo". Nunca había sucedido nada más grande, ni sucedería: "Porque el hecho de que el Hijo de Dios, la segunda persona divina, se disponga ahacerse hombre en esta pequeña y diminuta tierra, lo supera sencillamente todo".


BXVI: En efecto, es una pieza instructiva muy importante para calibrar correctamente el concepto de lo grande y de lo pequeño. A juzgar por sus dimensiones materiales, la creación del mundo nos parece infinita. A su lado, este pequeño acontecimiento de Belén, que al principio los historiadores pasaron por alto, en realidad no merece siquiera una mención.
Si se tratara de dimensiones cuantitativas, una cosa sería absolutamente grande y otra lo absolutamente pequeño.
Pero si vemos que un único corazón humano costituye una nueva magnitud frente a la vastedad del cosmos, como lo formuló Pascal, entonces comprendemos que el hecho de que Dios se convierta en una persona, que Aquel que es el Creador, el eterno Logos, se encarne en un ser humano, hasta el punto de convertirse en una persona, es un acontecimiento de una magnitud completamente distinta. El propio Dios viene al mundo y se hace hombre. Con esto se abre una dimensión frente a la cual las dimensiones materiales, aparentemente infinitas, representan una magnitud de índole notablemente inferior.

Esta explicación me ofrece un punto de vista que nunca había contemplado: si pensamos que todo lo que existe tiene su origen y se sostiene en Dios, desde la complejidad de lo microscópico hasta la inmensidad de galaxias y galaxias, nos encontramos con una idea difícil de abarcar. De hecho, el proceso de la creación todavía continua, y cada pequeño acto de creación es grandioso en sí mismo. Lo vemos con cada nuevo ser humano: algo que en un instante no existía y al siguiente comienza a existir.
Si ahora pensamos que ese Dios de la inabarcable creación se se reduce hasta un pequeño punto. Que converge en un pequeño ser humano, y dentro de lo humano en lo más humilde, nos chocamos con una idea tan inabarcable como la anterior.
Y eso es lo que recordamos en la Navidad. Desde que la primera luz en el universo comenzó a emitir su fulgor en medio de la nada no había ocurrido nada más impresionante, inconcebible y sorprendente.

sábado, 20 de noviembre de 2010

Investigación sobre el Infierno

Hace unos días alguien cercano, al que considero inteligente, dijo en el fragor de una conversación: "¡pero si La Iglesia dijo hace unos años que el infierno no existe!!".
Me quedé un tanto perplejo, no por el hecho de que el infierno pudiera no existir, sino porque no podía entender de dónde había sacado esa afirmación.
"Lo dijo, lo dijo. Os lo busco si queréis", continuó. La seguridad y vehemencia de su voz hizo que mi perplejidad se transformara en colapso.
A partir de ese momento el desasosiego comenzó a crecer dentro de mí poco a poco. Estuve varios días despertándome por las noches. Sobresaltado, sudando, gritando... ¿cómo alguien inteligente podía afirmar con esa seguridad algo que era absurdo? ¿de dónde había obtenido esa información?
Esa incertidumbre creciente me devoraba por dentro, así que me decidí a investigar el por qué de este sinsentido. ¿Qué habría tras ese misterio? ¿podía desaparecer el infierno? ¿No había existido nunca? ¿existe pero está vacío? ¿quién quiere que pensemos que existe? o mejor ¿quién quiere que pensemos que no existe?
Estaba absolutamente decidido a poner luz sobre todo este asunto, aunque tuviera que desenterrar los secretos mejor guardados de la Iglesia y pusiera mi vida en peligro.
Cuando me calmé y me di cuenta de que definitivamente mi vida no estaba en peligro, comencé a bucear en la hemeroteca. Lo primero que descubrí es que en Julio de 1999, Juan Pablo II había dedicado algunas audiencias a profundizar en los conceptos del cielo, el infierno y el purgatorio. En aquellas audiencias había cosas muy interesantes, y cuando tocó hablar del infierno, el Papa se expresó con inmensa claridad:
"más que un lugar, es la separación de Dios para siempre".
"El infierno es ... una posibilidad real"
"No nos han dicho quiénes de entre los seres humanos están efectivamente implicados"
"Las imágenes utilizadas por la Biblia para presentarnos simbólicamente el infierno, como un horno en llamas o un estanque de fuego donde reina el rechinar de dientes, deben ser interpretadas correctamente. El infierno es la situación de quien se aparta de modo libre y definitivo de Dios". 
"El hombre, llamado a corresponder libremente a Dios, puede, sin embargo, rechazar definitivamente su amor y su perdón, privándose así, desgraciadamente, de la gozosa comunión con él ... Esa trágica condición es lo que se llama condenación o infierno".
Os dejo el texto completo de aquella audiencia (JuanPabloII: Audiencia 28-Julio-1999), por si queréis profundizar.
Yo ya había recibido de la Iglesia con anterioridad esta idea o concepción del Infierno, pero este concepto tan impopular e incómodo estaba explicado con una sencillez desarmante. En aquellos días, parece que estas palabras sorprendieron a mucha gente, sobre todo a no católicos. Y en los medios se interpretó como una revisión de la doctrina del infierno. Desde entonces hasta nuestros días, se ha extendido la curiosa versión de que Juan Pablo II dijo que el infierno no existía.

Parece que acababa de resolver el misterio, pero también descubrí que pasado un tiempo, el actual Papa Benedicto XVI retomó el infierno. Fue en una homilía en una parroquia de Roma (25 de marzo de 2007).
El Papa dijo:
"el infierno existe... y es eterno".
Ante la multitud de personas que habían asumido una revisión de la doctrina del infierno por parte de Juan Pablo II, ahora parecía que Benedicto XVI daba una vuelta de tuerca al asunto, y en un giro argumental digno de un capítulo de Perdidos recuperaba el infierno de la edad media. Y desde los entornos más agresivos contra la Iglesia se aprovechó el hecho para cargar las tintas contra el Papa y apoyar la falsa hipótesis de que este Papa quiere llevarnos de nuevo a las misas en latín y los modos de la inquisición. Como ejemplo, ver esta noticia publicada al día siguiente: El Pais: El papa Benedicto XVI resucita el infierno.

Pero esto no quedó aquí: al año siguiente, en una reunión con los párrocos y el clero de la diócesis de Roma (7 de Febrero de 2008), un cura le preguntó acerca del cielo, el infierno y el purgatorio. La respuesta del papa es uno de los más interesantes y bellos discursos que he leído. Habla con una claridad y amor profundísimos sobre realidades que el mundo de hoy rechaza.
Os recomiendo su lectura: Benedicto XVI: pecado, juicio, purgatorio, infierno, paraiso.
También desató reacciones adversas este discurso en muchos medios, sacando frases sueltas de aquí y de allá intentando construir un discurso antireligioso y específicamente contra el catolicismo.
Se continuó extendiendo la idea de que Benedicto XVI contradecía a Juan Pablo II. Poco a poco toda esta amalgama de análisis confusos fue instalándose en el subconsciente de muchas personas.

Con todo esto llegamos al día de hoy, en que no es extraño encontrarse con falsas e incluso delirantes afirmaciones sobre la Iglesia y su doctrina, hechas desde el desconocimiento y confusión. Una confusión producida en nosotros por toda la información incorrecta que vamos consumiendo y asimilando como cierta.
El caso del infierno mutante es un buen ejemplo de esto. Podéis comprobarlo en algunos comentarios recogidos en 2007 y 2008 en el impresionante (nunca me cansaré de decirlo) blog "La Iglesia en la Prensa":
El diablillo de "El Pais"

Os dejo también dos Semillas para la Vida sobre estos acontecimientos:

¿Existe el infierno o no? ¿Qué dicen los Papas? parte I


¿Existe el infierno o no? ¿Qué dicen los Papas? parte II

viernes, 6 de agosto de 2010

El mapa moral

Intro
No soy muy dado a los artículos reflexivos, simplemente porque mi pensamiento ha cambiado tanto a lo largo de mi vida, que no me fío mucho de mis propias opiniones. Intento además no tener opinión sobre todo, ya que me parece un esfuerzo algo estéril y cuyo mayor beneficio es construir una falsa ilusión de que tengo un reino propio de sabiduría. Hace años, en una película de Woody Allen alguien decía con acierto: "lo peor de las opiniones es que todo el mundo tiene una".
Vivo siempre la sensación de estar en transición hacia algún punto. Así ha sido siempre en mi vida y tiendo a pensar que seguirá ocurriendo de esa forma. He aprendido a vivir la ignorancia con cierta normalidad, la verdad. Sin embargo hoy, me he levantado muy venido arriba, con sensación de clarividencia cristalina sobre las cosas. Y desde esa posición de semideidad del conocimiento quería compartir una reflexión, sabiendo sin embargo que probablemente en unos años vea las cosas de otro modo.

Planteamiento
Somos víctimas de nuestro tiempo. Eso significa que en el tiempo que nos ha tocado vivir, el mundo está configurado a nuestro alrededor de una forma que nos moldea inconscientemente. Y cuando tenemos que afrontar situaciones y tomar decisiones en nuestra vida, nos vemos arrastrados en muchas ocasiones por tendencias e ideas que no hemos creado, en las que no nos ha educado nuestra familia, y que flotan en el ambiente y hemos integrado en nuestro ADN como si fueran nuestras. Las creemos con fe ciega y no concebimos el cosmos bajo otro prisma.
Ocurre en nuestra sociedad y ha ocurrido en todas desde el inicio de los tiempos.
Entre todas esas ideas en las que vivo sumergido sin darme cuenta, hay una de la que sí soy consciente. Algo que nuestro mundo no quiere, pero que tiene dentro sin darse cuenta. Algo contra lo que clama pero que utiliza inconscientemente. Se trata de la moral. Y esta alergia que la sociedad tiene desarrollada, la tenía yo impregnada en la piel como si fuera un tatuaje, como si de algo razonable se tratara. Ahora ha pasado el tiempo, y ese cuerpo extraño que mi organismo quería expulsar se ha convertido en algo necesario para su subsistencia.
Con solo mencionar la palabra "moral" a cualquiera se le viene a la cabeza la Iglesia Católica, en la boca nos invade un sabor rancio, de algo absolutamente caducado, en desuso. "¿La moral? eso es una herramienta de la Iglesia para controlar a las personas bajo el peso de la culpabilidad", podría contestar cualquier persona.
Si vamos al significado de esta palabra en nuestro idioma, encontramos esta acepción: "Ciencia que trata del bien en general, y de las acciones humanas en orden a su bondad o malicia". Es decir, que la moral trata de distinguir lo que está bien y lo que está mal, de ser un faro para nuestras acciones. ¿Y por qué alguien tiene que decirme a mí lo que tengo que hacer?
Si ponemos la televisión, es muy común encontrarse con un debate en el que alguien de repente grita: "¡¡Yo hago lo que me da la gana!!" o "¡¡que cada uno haga lo que quiera con su vida!!". Y a continuación, como impulsados por un resorte, el público rompe en aplausos y aclamaciones.
Como aficcionado al cine he leído hasta la saciedad críticas en las que se habla con rechazo de las películas moralistas, es decir, las que intentan decirnos que hay cosas que están bien y cosas que están mal.
Al hombre de hoy no le gusta que nadie le diga si sus acciones están bien o mal, y por eso la Iglesia es tan "incómoda" y genera tanto "rechazo", porque parece un grupo de gente que nos dice qué podemos y qué no podemos hacer.
En definitiva, parece claro que vivimos en un clima en el que la existencia de una estructura moral produce incomodez, inquietud, sensación de ahogo.

Todos tenemos uno ¿cómo lo construimos?
Sin embargo, hasta la persona que rechace todo sistema moral, tiene el suyo propio. Todos y cada uno desarrollamos nuestro propio código moral, en el que definimos lo que está bien o mal. Lo vamos construyendo a lo largo de nuestra vida, de forma más o menos consciente.
De esta forma hay sistemas morales que son firmes o débiles, claros o difusos.
El sistema moral que impera en nuestra sociedad es débil y difuso, porque puede obviarse si no nos conviene, o si nadie se entera y porque es cambiante por naturaleza. Pero su característica principal es que se enmascara a sí mismo. Es decir: su máxima principal es proclamar, como arrastrado por un alarde de tolerancia mal entendida, que no hay un sistema moral general, sino que cada uno hace el suyo, que el bien y el mal depende de cada uno, y son por tanto relativos. Este rechazo de código moral general es un código moral en sí mismo, porque establece que esa es la forma buena de pensar, y cualquier otra es incorrecta y nociva. Una paradoja que pasa generalmente desapercibida: se intenta erigir en código moral general diciendo que no existen códigos morales generales.
En este caldo de cultivo, ante la renuncia de unos puntos de referencia claros, todos vamos desarrollando un sentido del bien y el mal, guiados por cosas cambiantes, confusas, y nos vamos encontrando ideas qué van tomando fuerza:
- si está aprobado por ley es bueno
- si la mayoría lo opina está bien
- si es posible científicamente es bueno
- si persigue un fin bueno, está bien
Así mismo, cada vez vamos encontrando más personas que utilizan estos criterios en su propio sistema moral:
- lo que me produzca beneficio, está bien
- lo que me produzca placer o bienestar, está bien
- si me apetece, está bien ¿por qué me tengo que contener?

Yendo algo más allá, vemos que cada vez hay más acciones que directamente no clasificamos, con lo que si tenemos que afrontarlas, lo haremos en función de lo que nos convenga o apetezca en ese momento.

Bajo este prisma moral, en principio podríamos decir en general: "engañar a mi marido o a mi mujer está mal". Pero luego, casi sin darnos cuenta, sentimos atracción por alguien que hemos conocido. Y todo comienza a volverse confuso. "Si nadie se entera ni se va a enterar. No voy a hacer mal a nadie ¿está entonces mal?". "Si es que lo necesito ¿qué hay de malo en ello?" "¿Y si...?".

¿Pero para qué sirve?
Tener un sentido moral de las acciones es tener un mapa, y eso es lo que cada hombre intenta, de forma más o menos consciente al ir elaborando el suyo.
Pero el que tiene un mapa es porque quiere ir a algún sitio. ¿Y cuál es ese sitio? ¿a dónde quiero dirigir mi vida? Creo no estar equivocado al pensar que todos podríamos responder que buscamos la felicidad. Y esa es precisamente la función universal de tener una moral como referencia: la de ser un mapa en nuestra vida para llegar a ser felices.
Pero ¿de qué sirve un mapa que no tenga indicaciones claras? ¿que sea confuso?
¿De qué sirve un mapa para ir a un sitio si cada día puede cambiar?
Sería por tanto deseable tener un mapa de vida claro, seguro y firme. En el que podamos confiar y en el que nos podamos apoyar en los momentos de duda.
Pensemos en un hombre que tiene profundamente arraigado que el concepto de matar a otro ser humano está mal. Si un día ese hombre encuentra que alguien ha violado a su hija, puede sentir la normal tentación de eliminar esa existencia que ha causado tanto sufrimiento a quien tanto quiere. Puede pensar que así evita que otros lo sufran y puede hasta pensar que matando a ese monstruo contribuye al equilibrio del universo. Pero la idea de que matar a otro está mal, si es firme, le disuadirá de hacer esto.

Tener una estructura moral clara, estable y arraigada no es solo bueno para nosotros, sino que repercute en la sociedad. Ya que poco a poco, y teniendo en cuenta un grado de incongruencia y debilidad que no podremos evitar porque están inscritas en nuestra naturaleza, nos transformaremos en personas claras, sencillas y confiables.

¡¡ Quiero uno !!
Como un niño que insistentemente le pide a sus padres un perrito: "¡quiero uno! ¡quiero uno!"
Así nos podemos sentir cuando caemos en la cuenta de la importancia que esto puede tener en nuestras vidas. ¿pero no es poco adecuado hablar del sistema moral como de una mascota? No se si es adecuado pero verlo así puede ser útil. A una mascota le dedicamos tiempo, la cuidamos, la alimentamos y establecemos un lazo fuerte con ella.
De esta forma, de todas las cosas a las que dedicamos esfuerzo y tiempo, esta debería ser una de ellas. ¿Y cómo podemos hacerlo? ¿quién nos puede ayudar?
Es difícil mirando a nuestro alrededor encontrar referentes que nos inspiren y ayuden en esta tarea, cuando todo lo que vemos y respiramos coopera para lo contrario. Aunque podamos pensar que no será para tanto, fijémonos sin embargo en el modelo de juventud que hemos diseñado y que muchos hemos vivido:
una vez que entramos en la adolescencia, nos centramos bajo la bendición social en divertirnos al máximo, poniendo el mundo a nuestros pies. Ofreciéndonos a nosotros mismos toda la realidad con tal intensidad que sentimos que la energía del universo fluye de fuera hacia dentro de nosotros. Esa intensidad se potencia al máximo al existir a nuestro alrededor numerosos vehículos para hacerlo y al ser un tiempo en el que no se tienen casi responsabilidades. Nos ponen herramientas en las manos para convertir nuestra existencia en una búsqueda de diversión y placer. Luego va pasando el tiempo, y aunque intentemos alargar esta fase al máximo, llegamos a un punto en nuestra vida en que se tiene que dar la entrega por el otro (matrimonio, paternidad, cuidado de un familiar enfermo). Y nos vemos incapaces, nos resulta contradictorio con la estructura moral que hemos construido. Y el hombre actual entra en una batalla en la que siente que está luchando contra su propia naturaleza.
¿De dónde podemos extraer un modelo de estructura moral que sea válido para nosotros? Los cristianos elegimos a la Iglesia como maestra y guía para construir una estructura moral, poco a poco, en nuestra vida. Porque consideramos que la experiencia y sabiduría recogidas de todas las sociedades sobre la tierra y a través de más de 20 siglos nos proporciona una estructura moral sólida. Un mapa claro y seguro con el que caminar, en el que se fomenta el perdón y se propicia el amor y la entrega por el otro.
El cristiano es tan débil como cualquier otro ser humano, y puede cometer los mismos errores, pero camina siempre con una mano tendida, con una roca donde apoyarse, incluso para levantarse si ha caído.
Nada de esto puede ser considerado malo, por muy volátil y cambiante que sea tu código moral. Al contrario, es algo muy bueno poder vivir así.
No se trata de una herramienta de represión y control, se trata de una brújula universal y válida para todo hombre, que nos sirve de ayuda para alcanzar la felicidad y la paz.
El tener un mapa muy bueno no implica que no nos podamos perder, pero nos ayudará enormemente a encontrar nuestro destino. Y sería una necedad no buscar el mejor mapa que podamos encontrar.